Menú

Gabriel Moreno: “La gente rayana suele ser de poblaciones pequeñitas y humildes que necesitaban de la colaboración del vecino”

Gabriel Moreno: “La gente rayana suele ser de poblaciones pequeñitas y humildes que necesitaban de la colaboración del vecino”

TRAS UN PERIPLO POR SUDAMÉRICA COMO DOCENTE, EL VALENCIANO HACE UN ALTO EN LA RAYA ANTES DE VOLVER A SU RUTINA COMO DOCTORANDO

Se demora unos minutos y pide disculpas. Asegura que aún le afecta el jet lag por el cambio horario entre Brasil y España pero que está ansioso por hablar para Rayanos, y lo demuestra proponiendo uno y otro tema para el magazine. Es inquieto por naturaleza. Gabriel Moreno (Valencia de Alcántara, 1991) hace un alto en el camino antes de continuar su tesis en la Universidad de Valencia para visitar su tierra y regar sus raíces a un lado y otro de la Raya.

– ¿Qué le viene al sentarse de nuevo aquí, frente a la frontera, después de trotar por todo el mundo?

– Relajación y tranquilidad. Aunque siempre está el riesgo de que consideremos nuestro pueblo como un sitio de descanso y no de vida, para vivir, aquí es donde mejor me siento.

Foto: Rayanos Magazine.

– ¿Melancolía también?

– Creo que melancolía tenemos todos. Yo creo que a partir de los 25 años, la gente empieza a pensar en su infancia, porque la infancia es donde de verdad nos formamos y donde tenemos los recuerdos mas bonitos. Había un poeta que decía que a partir de los 25 ya era todo recuerdo. En parte es eso, porque yo cuando paso por las calles o por el colegio o por donde sea, lo único que tengo son recuerdos.

 

– ¿Cómo recuerda esos recuerdos?

– Mi generación que ha nacido fuera de la presencia omnipresente de las nuevas tecnologías, ha vivido una infancia diferente a la de la gente de la ciudad. En las ciudades hay miedo de que los niños salgan, no hay tanta socialización desde pequeños. Nosotros ya con diez años teníamos como término de juego el término municipal de Valencia de Alcántara. Maduras mucho antes porque tienes contacto con otras personas y con el pequeño riesgo que siempre hay en la calle, en la naturaleza, más grande que el que tienen los niños de las ciudades que viven en una especie de burbuja. Por eso nuestra infancia es diferente, y la perspectiva que tiene una persona de una ciudad no puede ser nunca igual porque son experiencias vitales totalmente diferentes.

Foto: Rayanos Magazine.

– Gabriel, le diría que es una persona muy inquieta. ¿Cómo surge? ¿En la adolescencia o fue antes?

– No sé. Dicen que soy hiperactivo tranquilo, pero no lo sé. A mí me gustaba mucho leer y fue con 11 o 12 años cuando cogí unos libros de literatura rusa que me encantó. Es la etapa de mi vida en la que mas he leído, y precisamente leer es lo que te da conocimientos y te convierte en inquieto, porque cuando conoces algo siempre quieres conocerlo hasta el final. La inquietud, que debería ser lo que moviese el mundo, solo nace del previo conocer. Primero tienes que conocer algo para tener cierta inquietud. No puedes abordar un cierto tema de estudio si antes no tienes un conocimiento sobre eso. Lo primero fue la lectura, lo que te abre la cabeza.

 

– Y después llegó la etapa universitaria en Cáceres…

– Esa es otra característica que nos diferencia del resto, que en los pueblos cuando tenemos 17 o 18 años tenemos que independizarnos, relativamente. Mis amigos de Valencia han hecho toda la carrera en casa de sus padres, que es lo normal en las grandes ciudades, como Madrid y demás. Yo cuando tenía 17 años me tuve que ir a vivir solo a Cáceres, y eso hace que madures mucho más. Estudié en Cáceres, desde los 17 a los 22, en la Facultad de Derecho.

 

– ¿Y por qué Derecho y no otra?

– Mi primera opción fue Historia, pero las cosas del destino o de las influencias divinas, que en el último momento, cuando estaba haciendo la preinscripción de la universidad, puse Derecho antes que Historia, Hoy aún mucha gente cree que he hecho Historia. Me gusta mucho la Historia, mi hermano también hizo Historia y siempre me ha llamado más el espacio de las Humanidades que el de las Ciencias Puras o Exactas. Las Humanidades me han gustado mucho y de ahí mis inquietudes por la historia, la filosofía… Al final opté por Derecho porque entendí que era una disciplina básica para entender nuestro alrededor, algo que me lo ha confirmado el propio estudio, el no conocer solo como se gobierna sino lo que ocurre en el mundo en el que habitamos. El Derecho es la disciplina más básica para eso. Poco a poco me fui familiarizando con ello  y me ha gustado tanto, que finalmente me dedico a ello.

Foto: Rayanos Magazine.

– ¿Se podría decir que fue esa etapa la que comenzó a abrirle puertas?

– Sí. Yo creo que llegamos a la universidad y no sabemos en realidad qué estamos haciendo. Yo empecé a forjarme una idea de qué era el Derecho en segundo curso, porque en primero estas medio tonto todavía, estas ahí en una nebulosa. Y ya en segundo pues te vas haciendo a la idea de lo que es el Derecho, una idea que me gustó mucho, sobre todo el Derecho Público. Hay una división entre Derecho Público y el Derecho Privado: el Derecho Público es el que trata las instituciones del Estado y de la organización de lo público. Yo he acabado decantándome por el Derecho Constitucional, que es una de las asignaturas del Derecho Público

 

– Da clases en la Universidad de Valencia, ¿cómo surgió esta oportunidad?

– Los profesores de Derecho Constitucional se fijaron en mí y conseguí una beca de colaboración para el último año de carrera, una beca que existe para ir integrándote en un departamento de investigación. Con ella me fui integrando en un grupo de investigación relativamente sólido de Derecho Constitucional en España, que tenia varios miembros en Cáceres, y ellos me recomendaron un master, el de Derecho Constitucional del Centro Político de Estudios Constitucionales, que es un centro de alto rendimiento del Gobierno de España, del Ministerio de la Presidencia, que está en Madrid. Está al lado del Senado, enfrente del Palacio Real, y tiene el mejor master y el mejor posgrado de Derecho Constitucional de Iberoamérica. La mayor parte de mis compañeros eran latinoamericanos. Hice ese master y me dio acceso al doctorado en Valencia. En Valencia porque uno de los catedráticos de ese grupo en el que yo empece a integrarme en Cáceres es de Valencia y me llevó allí. Ha sido un  proceso de traslación gradual hacia el este: de Valencia de Alcántara a Cáceres, de Cáceres a Madrid, de Madrid a Valencia. Y terminaré en Estambul, me voy yendo poco a poco a la derecha territorial (ríe).

 

– ¿Qué comparte Valencia con Valencia de Alcántara?

– En general, todos los españoles compartimos muchas cosas. Valencia al ser una ciudad mediterránea se ahonda más en esa apertura que tiene la gente, pero tenemos una cultura parecida. La costa mediterránea tiene unos rasgos propios, es muy festiva, es menos formal de lo que somos aquí por nuestra herencia castellana, pero en general compartimos mucho más de lo que nos diferencia. Nos unen mucho mas las características compartidas que lo que nos diferencia. Incluso en Valencia, que tienen una lengua propia, el valenciano, y es una lengua muy parecida al castellano. Lo que une al valenciano y al catalán con el castellano es muchísimo más de lo que lo diferencia. Además, somos todos hijos bastardos del latín, así que además hay que recalcar y destacar lo que une a las poblaciones y a las culturas.

Foto: Rayanos Magazine.

– Hay algo que me sorprende mucho. Una persona que se va fuera a estudiar, a hacer vida, suele olvidar dónde están sus raíces, y sin embargo usted sigue luchando por su pueblo.

– Hay una frase que a mí me gusta mucho, que es que La gente no tiene raíces, tiene piernas para andar. Pero a parte de que tengamos piernas para andar y de que los extremeños tengamos una gran historia de emigración, en parte nos cura para determinadas desviaciones como son el nacionalismo. Un extremeño está inmunizado contra el nacionalismo porque ha visto más de su propio pueblo y ha visto más de su ciudad. Luis Landero hacía una reflexión muy bonita en su ultimo libro, decía que “Yo no puedo ser nacionalista porque a los 16 años perdí la conciencia de que mi pueblo era la cosa lo mas importante del mundo”. Tenemos una tendencia a relativizar lo propio porque conocemos lo ajeno, pero también así somos conscientes del valor que tiene al habernos ido, de lo que podemos perder si Extremadura sigue en el proceso de despoblación en el que esta inmerso. Por eso, en la conciencia de la relevancia que tiene Extremadura es donde surge esa preocupación que muchos extremeños tienen aun habiendo estado fuera o viviendo fuera una larga temporada. Siguen teniendo apego por su tierra de origen, cosa que no sucede en otros sitios. El riesgo a perder y que las nuevas generaciones no puedan disfrutar lo que yo disfruté en la infancia es lo que me lleva a pensar y a luchar por esta tierra, y que no solamente sea para aquella gente que se fue un lugar de tranquilidad o para hacer turismo, sino también un lugar de vida para poder volver, regresar y vivir aquí.

Foto: Rayanos Magazine.

– Ese lugar del que habla, ¿coge también la Raya?

– Por supuesto. Aquí, en Valencia de Alcántara, somos rayanos al 100%, aunque es verdad que las poblaciones de la Raya española en general tienen una doble naturaleza, ya que una parte de la población ha vivido siempre de espaldas a Portugal. Especialmente la burguesía y la aristocracia local, por un elemento nacionalista y del propio régimen franquista, ya que los dos regímenes dictatoriales aunque compartían características comunes, no se llevaban bien. Franco con Salazar no se llevaba bien y los países vivían de espaldas uno a otro, y las fronteras estaban cerradas. Antes en el XVIII, sin embargo, las fronteras eran muy permeables porque el Estado no tenia una capacidad administrativa diferente como para poder controlar el territorio. Nunca había sido tan cerrada la frontera como en el siglo XX, donde estas clases pudientes vivieron de espaldas al fenómeno portugués. Incluso para ellos estaba mal visto algunas conexiones con Portugal, donde sí que había una permeabilidad de frontera, incluso a nivel personal entre las clases populares. La gente rayana suele ser de poblaciones pequeñitas y humildes que necesitaban de la colaboración del vecino, que en este caso daba la casualidad de que era de otro nacionalidad pero daba igual. Es el ejemplo de La Fontañera. Mis abuelos nacieron en la pobreza de São Julião, en un pueblo cerca de La Codosera que en los años 50 estaba equiparado con pueblos de América Latina o África que en la actualidad tienen bolsas de pobreza muy fuertes. Era gente que no tenía acceso a la Educación ni al agua corriente, ni a la electricidad. La historia de la Raya comparte una historia de atraso económico, social y cultural enorme, de siglos, y eso hacía que la gente pudiera cooperar unos con otros y hubiese mas intercambios fronterizos y entre personas de diversas naciones, aunque entre ellos no se consideraban de diferentes naciones precisamente porque la pobreza es una. Eso es una característica intemporal. Por eso aquí somos también más hospitalarios en algunas zonas, porque la gente ha creado vínculos más fuertes. Hay un sentimiento de solidaridad y de vínculo colectivo que ya se ha perdido en la sociedad actual de mercantilismo y capitalismo completamente desbocado, donde hay un proceso de deshumanización enorme. La gente en las grandes ciudades no se conoce, pero ya ni siquiera al vecino. Sin embargo, en los pueblos el vínculo colectivo es más fuerte y las relaciones son humanas, es una barrera social contra el proceso de mercantilización y deshumanización que estamos viviendo en todo el mundo.

 

– Ahora parece que la Administración está apostando por lo transfronterizo. ¿Cree que se podría frenar?

– Es verdad que desde hace mucho tiempo, sobre todo desde la Junta de Extremadura, se apuesta por lo transfronterizo. La cuestión es siempre que se necesita dinero, y el problema del dinero es que la relación que tenemos con los fondos de cooperación en Extremadura es pan para hoy y hambre para mañana. Son fondos estructurales que no provocan cambios estructurales. Muchas veces el dinero de la Unión Europea se ha dedicado a paliar necesidades que en otras partes de España o Portugal ya estaban cubiertas. Un ejemplo es que mucho dinero de la Unión Europea en los años ochenta y noventa se tuvo que dedicar a algo tan básico como la remodelación de aguas residuales y potables porque teníamos todavía tuberías de plomo, cuando en Barcelona o en Madrid las tuberías están cambiadas desde el siglo XIX. Tenemos un atraso enorme y parte del dinero y de los fondos que se han destinado a Extremadura, que han tenido que ir primero a paliar eso y luego a la conexión transfronteriza. Yo creo que hay que seguir ahondando, sobre todo anulando algunas demoras del pasado que ya no tienen sentido. Por ejemplo, si un ayuntamiento de Extremadura quiere firmar un convenio de colaboración con una cámara portuguesa, si quiere hacerlo totalmente legal tiene que pedir permiso primero al Gobierno español y al portugués. Eso ya no tiene sentido en la unión europea. Hay que agilizar de esa manera la cooperación transfronteriza. Por otra parte, las instituciones españolas no tienen correlación con las portuguesas, cuando por ejemplo la Junta de Extremadura se quiere reunir con su homóloga portuguesa ésta no existe, porque ellos no tienen comunidades autónomas y nos encontramos con otro problema de desconocimiento institucional, de cómo funciona el país vecino. Tenemos una asimetría importante.

Foto: Rayanos Magazine.

– ¿Cómo se ve la Raya desde Valencia?

– A partir de Navalmoral de la Mata existe una frontera psicológica, y es que en general, toda España no conoce Portugal. A mí me llamó la atención cuando viví en Madrid, y ya en Valencia es apoteósico. Primero por una cuestión de lejanía y después por una de desconocimiento. De hecho, ni siquiera conocen el oeste español, es el gran desconocido para toda España, incluso para el propio Estado, que no se ocupa mucho del desarrollo. Desde Zamora hasta Huelva nada, no se conoce nada.

 

– Es decir, que el sentimiento rayano no llega…

. Más allá de la Raya no llega. Los españoles no tenemos conciencia de que existe otro país al que nos unen muchas cosas pero que tiene una cultura propia bien diferenciada, que tiene unas características propias y que tenemos otro país compartiendo la misma península. Eso, en general en España, no hay conciencia. Ahora hay un poco más porque se ha abierto un al turismo, sobre todo Lisboa. Mucha gente en Valencia conoce Lisboa, pero solo Lisboa; nadie en Valencia conoce el Alentejo cuando es un tercio de Portugal. También creo que una idea heredada de siglos, porque como siempre España ha sido el país más grande, existe una especie de desprecio por lo portugués, pero no un desprecio consciente sino un desprecio basado en la indiferencia. Nos da igual lo que pase en Portugal. Podemos hacer una encuesta en cualquier zona de España preguntando quién es el presidente portugués y la gente no lo sabe, sin embargo de cualquier otro país sí. Por ejemplo, se le dio mucha importancia al primer presidente negro de Estados Unidos. El presidente de Portugal procede de Cabo Verde, tiene rasgos étnicos de allí, y aún siendo el primer presidente en Europa de estas características, nadie lo sabe. Tendría que haber tenido más repercusión. En España existe esa superioridad económica y política sobre Portugal que hace que vivamos en una cierta indiferencia con respecto a nuestro país vecino. Es una pena, y desde la propia Raya podemos luchar para que el resto de España se de cuenta. Yo lo intento desde lo que puedo. El año que viene quiero realizar aquí un congreso de Derecho Hispano-Portugués para dar a conocer esto, porque en muy pocos sitios hay una relación tan cercana como la que existe aquí. Esto en el norte de Aragón y Cataluña no existe, incluso en Castilla y León con Portugal la frontera sigue siendo mas cerrada. Pero en la parte extremeña, incluso más aquí que en la parte pacense, la relación es mucho más cercana y cada año va aumentando.

Foto: Rayanos Magazine.

– Su libro favorito: ‘Guerra y paz’, de León Tolstói.

– Un sabor: el dulce.

– Un color: el rojo.

– Un paisaje: Puerto Roque.

– Una canción: el concierto para violín de Tchaikovsky.

– Un viaje: a San Petesburgo.

Sobre el autor

Esmeralda Torres

Periodista, extremeña. Amante de lo rural y de las historias callejeras.

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

cinco × 2 =