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La llama portuguesa de la Navidad

La llama portuguesa de la Navidad

EL ALENTEJO CELEBRA LA NAVIDAD CON HOGUERAS QUE PRENDEN DESDE NOCHEBUENA HASTA EL DÍA DE REYES

El Alentejo es una de las regiones más auténticas de Portugal. Y durante la Navidad, no iba a ser menos. Sus pueblos y ciudades, que tan solo por su belleza merecen ser recorridos, se tornan aún más atractivos en estas fechas, durante las que prenden hogueras que sorprendentemente no se reducen a cenizas hasta el día de Reyes.

La quema de leña como símbolo del triunfo de la luz sobre las tinieblas es un tradición con raíces remotas, en Portugal y en otros muchos lugares. Así lo sostiene el antropólogo escocés James George Frazer en su libro Mitos sobre el origen del fuego, donde dicta que “en toda Europa, desde tiempo inmemorial, los campesinos han acostumbrado encender hogueras en ciertos días del año”. El mismo escritor asegura que “las costumbres de esta clase pueden rastrearse por testimonio histórico hasta la Edad Media y sus analogías con las costumbres parecidas practicadas en la Antigüedad”.

Estos festivales alrededor del fuego poseen ciertas creencias, como la de que el fuego quema todo el pasado, rompe con aquello que es viejo y purifica una nueva vida, promoviendo la fertilidad de los terrenos agrícolas y el bienestar de los hombres y animales. También, que cuanto más grande es el tronco y más tiempo dura su incineración, mejor será la cosecha del año nuevo. De ahí, que los vecinos lusos hagan todo lo posible porque la llama prenda desde la tarde de Nochebuena hasta el 6 de enero, día de la Epifanía.

 

Un nacimiento a tamaño real

Pero la Navidad en el Alentejo es más que reuniones de amigos y familiares alrededor de las hogueras que iluminan plazas y calles. Véase el ejemplo de Monsaraz, la localidad que se convierte en un nacimiento real al ubicar figuras con dimensiones humanas por todas sus calles.

Otra forma curiosa de celebrar la Navidad es la que adoptan en Benquerença. En esta aldea sustituyen la Misa del Gallo por un recorrido en el que los más jóvenes realizan cruces blancas en las puertas de las casas tomando la harina como material. Una tradición que gira alrededor de la leyenda del soldado de Herodes, que buscando a Jesús por las calles de Belén, dio con la puerta trasera del lugar donde se ocultaba la Virgen María con el Niño Jesús y lo marcó con harina antes de ir a buscar ayuda. Al volver con el resto del ejército, descubrió espantado que todas las puertas de la calle estaban marcadas con la misma señal.

Sobre el autor

Esmeralda Torres

Periodista, extremeña. Amante de lo rural y de las historias callejeras.

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