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Las llamas de la cooperación: un mes de los incendios de Jola y Marvão

Las llamas de la cooperación: un mes de los incendios de Jola y Marvão

CASI 40 DÍAS DESPUÉS, EL MANDO DEL INFOEX UBICADO EN SIERRA DE SAN PEDRO RELATA LO VIVIDO DURANTE EL 4 Y 5 DE AGOSTO EN ESTA ZONA FRONTERIZA

No habían transcurrido ni 24 horas del aniversario de aquel fatídico 3 de agosto, cuando la historia se repetía. En uno de los avistamientos rutinarios de cualquier mañana de verano -y peligro alto-, el mando de Sierra de San Pedro alertó de que algo ocurría muy cerca. “Era un día que había mucha calima y vimos que salía humo de la zona del Malladín”. Y automáticamente se activó la maquinaria: quince años después, Jola volvía a arder.

Elena Soria es la coordinadora del Plan Infoex que se encontraba de guardia cuando saltó la alarma. “Yo me incorporé más tarde, pero me pongo en el lugar de Elena y… Es la zona más conflictiva que tenemos”, apunta Enriqueta Abril, otra de las coordinadoras de Sierra de San Pedro. “Cuando escuchamos la zona en la que era el incendio ya sabíamos que iba a ser un incendio complicado”, replica Elena. Ambas coinciden en el pavor que despertó este foco, localizado en un terreno denso y continuo de pinar. A la fácil combustión de esta masa forestal se sumaba las dificultades de acceso del paraje y su estado vegetativo. “Desde el incendio de 2003, se había regenerado todo por el tratamiento que le estaban dando algunos particulares, que se notaba mucho. Habían iniciado labores de limpieza y entresaca, para favorecer la vegetación”, detalla Enriqueta.

Faltó tiempo para que el Águila 6 despegara el vuelo y se alzara sobre el Valle de Jola. “Tardó menos de diez minutos en llegar”, recuerda la coordinadora, quien automáticamente dio el aviso de emergencia para la incorporación de más medios a la zona. En un primer momento se contaron 40 efectivos distribuidos entre medios terrestres y aéreos, y es que “en un incendio de este tipo, los medios aéreos son muy importantes por la rapidez con la que llegan y porque consiguen acceder a sitios donde tardamos mucho en llegar con los camiones”, subraya a la que todos conocen como Enri. Es lo primero que se procura siempre que haya luz natural. Aunque, “tampoco hay que olvidar que sus descargas hay que rematarlas con personal de tierra, es la forma eficaz de trabajar”.

A la señal de socorro respondieron medios de otros mandos del Plan Infoex así como retenes del país vecino. “Ese mismo día se presentaron 21 vehículos y 74 personas desde Portugal. Aunque su forma de trabajar sea diferente, la ayuda fue masiva y muy eficaz”, destaca Enri al mismo tiempo que recuerda la dirección del aire, “precisamente al revés de cómo soplaba en 2003” y a favor de la extinción. “Lo sacamos hacia La Codosera, ayudando a las operaciones que se hicieron para extinguirlo”.

 

El SOS de Marvão
Al amanecer del día siguiente, la noticia corría como la pólvora. Después de una larga noche, el incendio al fin estaba controlado gracias al trabajo incesante de todo el equipo humano del Plan Infoex. Aún no se había declarado extinguido por completo cuando la falda de Marvão comenzó a prender con fuerza. Y haciendo mérito al hoy por ti, mañana por mí, “la movilización del Águila 1 y su brigada fue inmediata”, asegura Enri.

Ella misma detalla cómo desde Sierra de San Pedro se incorporó un técnico al puesto portugués, que acordó una estrategia para el día siguiente que incluía más medios aéreos y algún bulldozer -máquina de arrastre-. “Es lo mismo que cuando tenemos una simultaneidad de incendios aquí”, explica la coordinadora argumentando el desplazamientos de algunos medios de Jola a Portugal. “Vas atendiendo uno a uno según las prioridades que hay alrededor del fuego: primero personas e instalaciones, después superficie forestal”. De ahí, que el estado de control en el lado español y el descontrol que provocaban las llamas que rodeaban ya al anochecer la ladera que baja hasta Portagem y la que rodea a Santo António das Areias, lo justificasen.

Daba igual que fuese otro país. Aún más, si cunde el pánico entre los vecinos de las aldeas portuguesas que se asientan en la montaña. “La población es lo primero que hay que atender, si ellas mismas entran en pánico deben ser retiradas de la zona y atendidas por especialistas”, comenta Enri. Se trata de una emergencia social atendidas por el Centro de Emergencias 112 de Extremadura y, su homónimo luso, Protección Civil, y con la que en un primer momento lidian los bomberos, esos héroes que por un momento vuelven la vista de las llamas para apagar ataques de histeria desde su lado más humano.

 

Daños irreparables
Enri y Elena atienden esta llamada justo después de dar un paseo evaluando daños. Por suerte, a lo largo de las 120 hectáreas calcinadas en territorio español, no hay que lamentar daños personales ni materiales en viviendas, pero sí a nivel forestal. La pregunta es inevitable. “A lo mejor puede regenerarse en las zonas por las que el incendio pasó rápidamente, pero hay otras que no”, dice Elena. Enri, sin embargo es más realista. “La vegetación se regenerará, tarde 15, 20 o 40 años pero un incendio es siempre una pérdida ecológica. No solo es que te hayas quedado sin árboles, sino cómo toda la ecología del entorno se ve afectada”.

Ambas coinciden en que tendrán que pasar muchos años para que Jola se reponga. El pasto asomará el próximo verano y el matorral al siguiente, mientras que los árboles necesitarán algunos más. Sin embargo, los animales que han muerto no resurgirán: “las pérdidas estarán ahí siempre”.

Sobre el autor

Esmeralda Torres

Periodista, extremeña. Amante de lo rural y de las historias callejeras.

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