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Navidades en los pueblos más bonitos de la Raya (I)

Navidades en los pueblos más bonitos de la Raya (I)

UNA SUBIDA AL CASTILLO DE MONSANTO O LA PANORÁMICA DEL GUADIANA DE MONSARAZ: IDEAS PARA DESPEDIR 2018 O EMPEZAR 2019 VIAJANDO POR LA FRONTERA PORTUGUESA

No nos cansaremos de repetirlo: el paraíso está al lado. Y los World Travel Awards, conocidos como los ‘Óscares’ del Turismo, lo han ratificado al proclamar a Portugal como el Mejor Destino Turístico del Mundo por segundo año consecutivo. De ahí que recorrer sus pueblos rayanos más bonitos pueda ser la mejor idea para despedir 2018 o empezar 2019.

Ladera sobre la que se asienta Monstano. Foto: Rayanos Magazine.

1. Monsanto. No es necesario adentrarse en territorio luso para conocer el pueblo más portugués, por no decir la aldea con más misticismo del país. Monsanto es la definición física del término encanto. Un simple paseo por sus abruptas calles empedradas, flanqueadas por casas de piedra que parecen nacer del paisaje rocoso que las rodea, es motivo suficiente para visitarla. Aunque la villa fascine por sí sola, el viajero debe trepar por los caminos que suben hasta el castillo abandonado erigido en la cima de la montaña. Allí encontrará unas vertiginosas a la par que espectaculares vistas tanto de España como de Portugal. Nota para los excursionistas: Monsanto también ofrece un amplio entramado de senderos que atraviesa amplias extensiones de alcornoques.

 

Instantánea de Estremoz. Foto: Imagen e etc.

2. Estremoz. Los adoquines de sus calles revelan por qué Estremoz es una embajadora de Portugal en cuanto a mármol se refiere. Esta ciudad, ubicada a tan solo 58 kilómetros de Badajoz, rodea con una antigua muralla un centro histórico repleto de hileras de naranjos y tranquilas plazas, entre ellas la de Rossio Marquês de Pombal, donde cada fin de semana se arma un mercadillo en el que adquirir artesanía, cerámica y manjares. Si llegas con intención de hacer noche tienes a tu disposición un castillo del siglo XIII reconvertido en pousada, donde recargarás pilas para disfrutar armoniosamente de la sala de audiencias del rey Don Dinis y sus peculiares casas góticas.

Marvão a vista de pájaro. Foto: Juan Carlos Jiménez.

3. Marvão. Enclavada a más de 800 metros de altura y en plena Serra da Estrela, Marvão es una de las más emblemáticas villas del Alentejo rayano. Su muralla, datada en el siglo XVII, rodea un caserío blanco en el que se distingue la Iglesia de Santiago, una capilla gótica del siglo XIII hoy convertida en un interesante museo municipal, y la Casa del Gobernador, sede de un banco que ha respetado su herrería del siglo XVII. Las almenas de su castillo, erigido en el siglo XIII y y reformado en el XVII, ofrece una vistas apabullantes de Valencia de Alcántara y su campiña y el punto de inicio de un recorrido alrededor de la aldea por la muralla.

 

Panorámica de Monsaraz a las orillas del lago Alqueva.

4. Monsaraz. Aún no ha acogido a ningún turista que no se haya enamorado nada más poner un pie en sus sinuosas calles, impregnadas de ambiente medieval. Monsaraz es una de las aldeas más pequeñas y bonitas del Alentejo. Como cualquier pueblo erigido en lo alto de una montaña y tan cerca de la frontera, posee un castillo que se enclava en la cadena de fortalezas defensivas que mandó a levantar el rey Dinis y que se convirtió en una curiosa plaza de toros desde la que apreciar las vistas panorámicas de las llanuras del Alentejo. También del lago Alqueva, el mayor embalse de Europa Occidental, que protagoniza unos amaneceres de película. El mejor plan es deambular sin rumbo por sus estrechas calles, flanqueadas por casitas encaladas con paredes desiguales, y degustar la cocina alentejana.

Instantánea de Castelo de Vide. Foto: Castelo de Vide.

5. Castelo de Vide. En Castelo de Vide no es difícil encontrarte a alguna anciana haciendo ganchillo sentada en el umbral de una puerta ni a vecinos charlando a través de la ventana. Es el carisma que posee esta aldea, una de las más atractivas y menos valoradas de Portugal. El maravilloso punto panorámico en lo alto de la colina, las casas blancas y los orgullosos habitantes son motivos más que suficientes para visitarla. Mención aparte requiere su pequeña judiaria, la antigua judería que alcanzó su apogeo en el siglo XV tras la expulsión de los judíos de España, y una pequeña sinagoga, hoy convertida en museo. Será suficiente dedicarle un día y una noche, para no perderte su encanto al atardecer y a primera hora de la mañana.

Sobre el autor

Esmeralda Torres

Periodista, extremeña. Amante de lo rural y de las historias callejeras.

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