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Nuestra Tierra Vieja, o Nueva…

Nuestra Tierra Vieja, o Nueva…

Que en estas viejas tierras nuestras vivimos tiempos duros, no se le escapa a nadie. Allá por el 2011 oí decir a uno de esos reverenciados, sosegados y aplomados presidentes de Cámara Municipal Portuguesa que nosotros, “los rayanos”, llevábamos un par de años obsesionados y gastando menos porque en Madrid y en Lisboa decían que había crisis. Me acuerdo mucho de él, coincidíamos en ese momento en que el medio rural fronterizo hispano-portugués, y más concretamente, la unidad que conforman el Tajo, sus afluentes y los términos que los mismos riegan, vivimos una crisis perpetua que, eso sí, a día de hoy se ha agudizado.

Que este hecho haya ocurrido, que después de siete años ver las cifras de población o desempleo sea más terrible que entonces, se debe a muchas razones que aquí no cabe desgranar, y que seguro que todos, de una forma u otra, conocemos. Siendo esto así, discúlpenme, obviemos, y permítanme que sólo mencione una, que considero fundamental, y a la par, que identifiquemos un ramillete de propuestas, en las que espero, nos encontremos de acuerdo.

Los tiempos que vivimos en esta vieja tierra nuestra son duros, y de cambio. En nuestros países, España y Portugal, y aún más, si cabe, en la primera, el modelo de vida ideal al que aspira la inmensa mayoría de la población no está en el campo, no está ni en los pueblos medianos como Valencia de Alcántara, Alburquerque, San Vicente; ni en los más pequeños como Cedillo, Herrera, Santiago, Carbajo o Salorino. Está en la ciudad. Este factor externo a nosotros, posiblemente, sea el que más influye, con independencia de lo que se haga a nivel local y personal, para que en nuestros días las viejas tierras se estén quedando más vacías que nunca.

Sin dramatismos, esto es así, objetivo: una mayoría no encuentra atractivo vivir en nuestras centenarias calles, y, por supuesto, eso hay que respetarlo. Pero, llegados a este punto, es donde quiero dar un pellizco a todos, tanto a los que hemos decidido quedarnos, como a los que no, porque de todos es el problema: Nuestros pueblos no pueden ni van a cerrarse, un gran país como el nuestro no puede permitirse no tener una política nacional que pueda llevar a perder el inmenso patrimonio, tanto material como inmaterial, que se atesora en su medio rural. Además, no invertir con excusas de crisis o no ser diligente y eficaz con los planes estratégicos de inversión y desarrollo ya existentes, la única consecuencia que tendría, sería que dentro de unos años habría que redoblar los esfuerzos y aumentar costes.

Al final retomaremos este punto, ahora me gustaría llamar la atención sobre otro aspecto: lejos de lo que se piensa y comenta de forma generalizada, vivimos en unas tierras viejas que nunca fueron confines de países, sino confluencias de los mismos: España y Portugal se funden en nuestra comarca convirtiéndola en un rincón especial, único e históricamente de continuo intercambio e innovación. Y aquí queríamos llegar, somos un territorio resilente, en constante superación de una crisis perpetua, una suerte de Prometeo espacial en el que, entre otras cosas, hemos hecho cooperación transfronteriza cuando eso no tenía nombre.

Bien, ahora tenemos que hacerlo otra vez, todos juntos, como siempre se ha hecho entre vecinos: nuestras casas se aprietan unas a otras para darnos calor y que no caiga ninguna, aunque no se hablen fulano y mengano. Decía que siempre hemos innovado, hoy se habla de economía colaborativa para referirse a lo que siempre hemos hecho en estas tierras viejas, que es optimizar recurso con el menor coste posible. Bueno, pues “evolucionemos”, además de juntarnos en los casinos y los ayuntamientos, vamos a hacerlo en la red. Ya tenemos RAYANOS, vamos a conocernos y a reconocernos ahí, en este medio que nace del emprendimiento con una vocación de servicio público que debemos agradecer. Vamos “a hacer patria”, a intentar que lo que hacemos desde lo público y lo privado; lo local, regional y nacional, vayan de la mano; a asimilar desde el conocimiento que estas tierras viejas de nuestros abuelos deben ser preservadas para nuestros nietos, y que para ello suceda debemos encontrarnos y exigir a las personas responsables que cumplan con los planes estratégicos ya existentes y sumar para que el problema del despoblamiento rural sea puesto en la agenda política nacional, porque solos, no podemos.

Además de lo expuesto, debemos y podemos hacer mucho. Lo primero, y fundamental, no irnos y disfrutar del privilegio de vivir nuestra tierrina vieja, pese a que pueda tener carencias; y en segundo lugar, preguntarnos y respondernos sobre qué podemos hacer cada uno de nosotros para que la vida en estos lares sea eterna. Por mi parte, aquí estamos, para lo que se les ofrezca…

Un hijo de la Tierra

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