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Olivenza, el pueblo de alma portuguesa

Olivenza, el pueblo de alma portuguesa

HIJA DE ESPAÑA Y NIETA DE PORTUGAL, LA LOCALIDAD RAYANA CONSERVA UN PATRIMONIO Y UNA GASTRONOMÍA PORTUGUESA SALPICADOS DE LA CONFORTABLE VIDA ESPAÑOLA

Dice una famosa canción popular que “Olivenza es hija de España y nieta de Portugal”. Es la esencia de esta localidad rayana, erigida entre dehesas de encinas y alcornoques bañados por el embalse más grande de Europa Occidental. Su historia ha estado marcada por los enfrentamientos entre los países de la Península Ibérica. De hecho, fue durante posesión lusa cuando se erigió la villa privilegiada y fortificada repleta de casas blancas, edificios con arcadas y suelos adoquinados. 

Instantánea de Puente Ajuda. Foto: LA MUNDINQUIETA.

09:00 El pulso de Puente Ajuda

Los destinos rodeados de verdes parajes invitan a descubrirlos desde la naturaleza a través de rutas, pedestres por ejemplo. Pero si el azul entra en el pantone del paisaje, el abanico de ofertas se multiplica. Es el caso del entorno de Olivenza, bañada por el Gran (y navegable) Lago Alqueva. Algunas empresas estarán dispuestas de darle un paseo en el que adentrarse en su mundo ornitológico, presidido por la águila pescadora y repleto de importantes colonias de moritos y gansos. El recorrido no tendrá más opción que descubrirle el viejo Puente Ajuda, una plataforma que durante el medievo unió dos países hermanos que la propia historia separó, hundiendo este puente y, con él, la comunicación con Portugal.

Olivenza Labora

Baluarte del Principe. Foto: OLIVENZA LABORA. 

12:00 El acceso del Calvario

Muchos fueron los recorridos históricos que comenzaron en la Puerta del Calvario, la única de la fortificación abaluartada del siglo XVII que aún resiste el paso del tiempo. El mapa le revelará que junto a ese monumento se localiza el Baluarte San Juan de Dios, uno de los nueve que amuralló Olivenza, y dentro del que se encuentra el convento del santo del mismo nombre, el primero de monjas clarisas que pasó a la orden de los monjes hospitalarios para atender las necesidades bélicas. Parta desde allí sin rumbo para descubrir el embrujo portugués que aún habita entre las calles de Olivenza, y que mira con saudade hacia el país que la hizo suya. Descubra la arquitectura tradicional que protagonizan las casas blancas y las calles de adoquines blancos y negros, y que obliga a hacer memoria para recordar que se pisa suelo español. 

AGUSTINA GARCÍA

Imagen de la capilla de la Casa de la Misericordia. Foto: AGUSTINA GARCÍA.

13:00 La coquetería de los azulejos portugueses

Y ponga rumbo a la Plaza de la Constitución, donde se emplaza el Palacio de los Duques de Cadaval – actual sede del Ayuntamiento de Olivenza -, y donde nace la Calle Caridad, la mística rua en la que se localiza la Casa de Misericordia. Es la única que mantiene su vertiente social con una función de asilo y una pequeña capilla que presume de la coquetería y belleza de los típicos azulejos lusos. Representan curiosas escenas bíblicas, como la de Dios entregando a Adán y Eva un abrigo para que se cubran su desnudez. No será el único lugar en el que encuentre este arte en color azul y blanco: las calles están repletas de ‘pasos’, el nombre por el que popularmente lo conocen los oliventinos.

Propuesta de Los Castillejos. Foto: TRIPADVISOR.

14:30 Un bocado entre el Chico y el Grande

Tras ocho siglos, los españoles conquistaron de nuevo Olivenza en 1801. Es difícil pensar que su cultura no sea un mix de tradiciones hispano-lusas. También su gastronomía, que aúna lo mejor de ambos países. Reserve mesa en el Restaurante Los Castillejos y pida que le sienten en la terraza para contemplar las vistas del Paseo Grande o de las Palmeras, una amplia avenida donde no falta el mosaico en el pavimento. Si le hacen esperar, aproveche para descubrir el Paseo Chico y uno de los ‘pasos’ más bonitos de la localidad. 

Torre del Homenaje, localización del museo etnográfico. Foto: AYTO. DE OLIVENZA.

16:00 La colección de Francisco González Santana

La localización de Olivenza ha sido históricamente estratégica y privilegiada. De ahí que no extrañe tanto celo por su defensa, custodiada por hasta cuatro murallas de las que solo se conservan partes de la cuarta, abaluartada, y la primera, construida por el rey Dinis en 1306. También restos de su castillo, que presume de una imponente Torre del Homenaje de 37 metros de altura, donde se guarda la más caudalosa recompensa: el Museo Etnográfico González Santana. Esta galería recoge la historia pasada (y no tan pasada) de los pueblos extremeños: costumbres, objetos y curiosidades que recrean la vida de los siglos anteriores más inmediatos. Se recrean interiores de hogares y establecimientos tradicionales, y hasta de una barbería o una botica. 

Porción de Técula Mécula. Foto: CASA FUENTES.

18:00 La cuna de la Técula Mécula

Además del café, una de las importaciones favoritas de Portugal (al menos para los españoles) es la repostería. A Olivenza no le hace falta, y es que la Técula Mécula – más famosa que la Feria del Toro – satisface hasta a los paladares más exigentes. Y es que aunque te la ofrezcan en muchos y diversos restaurante, ninguna sabrá como la de la oliventina Casa Fuentes, la pastelería donde se inventó y registró este dulce. Según cuentan los actuales propietarios de la pastelería, que ya alcanza la tercera generación, unos clientes no tenían cómo pagar y les dieron esta receta, que registraron a mediados del siglo XX. Esa receta es uno de los secretos mejor custodiados de la historia, aunque delata que incluye almendras, yema de huevo y azúcar sobre una base de hojaldre.

Fachada de la Iglesia de María Magdalena. Foto: RAYANOS MAGAZINE.

19:00 La mayor expresión del manuelino

Si con alguna joya se quedan los oliventinos es con la Iglesia de Santa María Magdalena, el icono del manuelino que la Guía Repsol eligió como Mejor Rincón de España 2012. Esta construcción, datada del siglo XVI, le recordará al inconfundible estilo portugués desde el primer momento. Admire su fachada y encuentre las siete diferencias con el portón que ornamenta el Palacio de los Duques de Cadaval y vaya más allá. Las retorcidas y altivas columnas de su interior no le dejarán indiferente.

Sobre el autor

Esmeralda Torres

Periodista, extremeña. Amante de lo rural y de las historias callejeras.

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