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23 jun 2021
RAYANOS

EN RUTA

De Logrosán a Cabañas del Castillo: un viaje al centro de la Tierra desde Las Villuercas

Los accidentes geográficos que caracterizan al único geoparque de Extremadura dotan a la comarca de un patrimonio geológico singular

Por Esmeralda Torres

04 diciembre 2020

Un patrimonio geológico singular. Esa es la principal valía de Las Villuercas, una de las tres mancomunidades que conforman el único geoparque de Extremadura y uno de los ocho que se cuentan en el país. Un modelado de su paisaje y parajes donde las rocas, los minerales y los fósiles pueden explicar la historia de la Tierra es la principal característica de este territorio – junto a Las Ibores y parte de La Jara -, desde donde es posible realizar un viaje al centro de La Tierra.

 

La huella minera de Logrosán

Este itinerario de tres días en Las Villuercas parte de Logrosán, la capital de la mancomunidad Villuercas-Ibores-Jara. Este municipio se asienta en tierras ricas en estaño y fosfato, una peculiaridad que les llevó a ser explotadas desde la prehistoria y más intensamente durante la segunda mitad del siglo XIX. Prueba de ello es la mina Constanza, una galería abandonada desde 1944 y que hoy invita a la visita de sus dos primeros niveles como ejemplo del pasado minero de Las Villuercas. Esta mina de interior, cuya explotación llegó a los 210 metros de profundidad y las 14 plantas, es uno de los 44 geositios del geoparque. Su explicación se encuentra en su localización, a los pies de un plutón granítico aflorado conocido como Sierra de San Cristobal, cuya formación hace unos 350 millones de años generó unos fluidos de contacto que rellenaron sus fallas tectónicas de pizarras proterozoicas. A raíz de ello, se formaron cinco filones de fosforita, fuente de riqueza de estas minas.

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Interior de las minas Constanza, en Logrosán. Foto: EXTREMADURA TURISMO.

Para llegar hasta ella, hay que recorrer unos 500 metros desde el centro del pueblo por la carretera de Cañamero. Las viejas instalaciones se encuentran en una parcela con unas vistas espectaculares al macizo de Las Villuercas y al de Garciaz, junto a la primitiva estructura minera. En ella se identifican las fábricas de finos y superfosfaots, el cocedero de piritas y el laboratorio de la mina, que alberga un centro de interpretación. Conviene detenerse para conocer todos los detalles de la explotación y del método de extracción denominado ‘de realce’, así como el día a día de los mineros.

Una vez dentro de las galerías del Pozo María se puede ver cómo se formó el yacimiento, además de huellas del proceso de extracción como agujeros de barrena y chimeneas de aireación. También algún que otro habitante del interior de la corteza terrestre al que conocemos como murciélago, y otras curiosidades naturales como las neoformaciones de estalactitas.

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Vistas desde el  cerro de San Cristobal. Foto: EXTREMADURA TURISMO.

Tras esta visita, es muy recomendable llegar hasta el origen de esta mina. O, en otras palabras, hasta la Sierra de San Cristobal. Para ello se recomienda una ruta senderista por los vestigios arqueológicos del entorno, entre lo que destaca un yacimiento minero de donde se extrajeron los mejores cristales de Casiterita de Europa, los restos de un castillo árabe y la conocida Fuente del Moro. Cuenta con poco más de cinco kilómetros y unas vistas espectaculares a la dehesa extremeña, aunque si el viajero dispone de tiempo y capacidad para recorrer algunos metros más se recomienda llegar hasta la cima del Cerro de San Cristobal. Gracias a sus 680 metros de altitud podrá disfrutar de una panorámica de la Sierra de los Poyales y de las Paredes al norte, fruto del movimiento de una gran falla inversa. Tanto en el ascenso como en el descenso se recomienda prestar atención a los diferentes tipos de rocas graníticas – o piedras berroqueñas – que afloran en el también nombrado Batolito de Logrosán.

 

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Vistas de la Puebla de Guadalupe a su llegada. Foto: EXTREMADURA TURISMO.

Tras la pista de Isabel desde Cañamero

Tras la caminata, el viajero le apetecerá picar algo y descansar. Uno de los establecimientos hosteleros con mayor demanda de Logrosán es la Geo-Brasería Minas de Logrosán, especializado en carnes a la brasa. No lo dude y pida saborear el solomillo de cerdo relleno de Queso Ibores. No se arrepentirá y le dará la suficiente energía para llegar hasta la siguiente parada, las bodegas Ruiz Torres de Cañamero.

La tradición vinícola de la zona se remonta al siglo XIV, por lo que es un imperdible disfrutar de una experiencia enoturística. Para ello, debe poner rumbo a Cañamero; más concretamente al kilómetro 33 de la carretera EX116, donde encontrará las instalaciones de Ruiz Torres. Estas bodegas son un negocio familiar con más de 150 años, convirtiéndose en uno de los más antiguos de la región y con mayores raíces en el territorio: actualmente está regentado por la tercera generación y su logo recuerda a las pinturas rupestres típicas de Las Villuercas.  El viajero podrá conocer sus instalaciones a través de una visita guiada que da a conocer el proceso de elaboración y crianza de sus vinos, y una cata de sus mejores caldos.

Si queda satisfecho con esta visita, podrá dormir en el hotel de la misma marca, situado a las afueras del municipio cacereño. Un lugar tranquilo donde descansar y picar algo antes de dormir.

Le vendrá bien reponer fuerzas para el segundo día en Las Villuercas, una jornada que comienza siguiendo la pista de Isabel de Castilla. Muchos son los historiadores que afirman que el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe fue un auténtico amuleto para la reina; otros incluso aseveran que fue el lugar más importante de la historia de los Reyes Católicos. De una forma u otra, de lo que no cabe duda es de que Isabel visitó el enclave religioso en varias ocasiones. Y de que los caminos que frecuentó son hoy uno de los itinerarios más demandados por los senderistas que llegan hasta Las Villuercas. Se trata de un sendero de montaña que lleva de Cañamero a Guadalupe a través del antiguo camino de herradura, un tramo de unos 14 kilómetros con cierta dificultad por los desniveles que presenta pero que bien merece al discurrir por algunos de los parajes  más bellos del geoparque.

Nada más salir de Cañamero, la ruta se adentra en el desfiladero del río Ruecas, otro de los geositios del parque fruto de la erosión fluvial sobre una larga falla tectónica que recorre el fondo del Tajo, y donde se pueden visitar las pinturas rupestres de la Cueva de la Chiquita. Superado el tramo del embalse del Cancho del Fresno, cuando el camino se torna en senda y pica hacia arriba se adentra entre bosques de pino hasta llegar al collado de la Era del Pico Agudo. En este lugar es donde se encuentra el conocido castaño del Abuelo, un árbol centenario que marca el inicio del descenso hacia la ermita de Santa Catalina, desde donde se aprecian unas vistas inmejorables de La Puebla de Guadalupe.

El itinerario de Isabel La Católica se completa en algo menos de cinco horas, por lo que el viajero llegará a Guadalupe en torno a la hora de comer. Será una oportunidad perfecta para tomar mesa en alguno de los bares y tabernas que toman la plaza del mismo nombre y pedir un par de tapas de morcilla de Guadalupe y queso frito con miel de Las Ibores.

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La plaza de Santa María de Guadalupe está llena de bares. Foto: EXTREMADURA TURISMO.

 

Guadalupe, Colón y los Reyes Católicos

Guadalupe es la capital del geoparque, y el municipio con mayor oferta turística. Mucho tiene que ver en ello el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, obra cúlmen del arte religioso mudéjar. Declarado Patrimonio de la Humanidad en 1993, en su interior se conjugan expresiones del mudéjar hasta el barroco pasando por obras renacentistas y pinturas de Zurbarán y El Greco.

Los cimientos del monasterio corresponden a los de una pequeña ermita en honor a la aparición a un pastor de la Virgen de Guadalupe, una imagen fue muy venerada al atribuirle milagros como salvar a Roma de la peste. Esta ermita se convirtió en un santuario en 1320 por mandato de Alfonso XI de Castilla y pasó a ser monasterio cuando, por orden real de Juan I de Castilla, se convirtió en la casa de 32 jerónimos. Tras varias idas y venidas, a día de hoy es Monumento Nacional, está habitado por los frailes franciscanos y ostenta la condición de basílica.

La visita al templo religioso puede comenzar en la Iglesia de Nuestra Señora, erigida en el siglo XIV y donde destaca su bellísimo retablo y el camarín de la Virgen (siglo XVII), y continuar por el claustro mudéjar y su temple. La sala capitular, la sacristía y la capilla de San Jerónimo, repleta de pinturas de Zurbarán, son otras estancias imperdibles del monasterio que acogiese la audiencia en la que los Reyes Católicos ofrecieron las carabelas a Colón. Tampoco conviene perderse el patio y el comedor de la hospedería ni sus dos museos, donde se pueden contemplar obras de Goya, El Greco, Pedro de Mena o Juan de Flandes.

En medio de ese remanso de paz y de tranquilidad que caracteriza el Monasterio de Santa María de Guadalupe se encuentra el Hotel-Hospedería. Se trata de un establecimiento que ha sabido conjugar los vestigios históricos con modernas instalaciones resultando un recinto lleno de pequeños y encantadores rincones, donde la historia y la espiritualidad se respiran a cada paso. Descansar como un dios estará asegurado.

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Claustro del Monasterio de Guadalupe. Foto: EXTREMADURA TURISMO.

 

Arte paleolítico en Cabañas del Castillo

La mañana del último día en Las Villuercas comienza con un paseo por las callecitas de Guadalupe. Su casco histórico, fechado en los siglos XIV-XVI, muestra una arquitectura serrana repleta de balcones y soportales, invitando a viajar a un arte más humilde y callejero. Hay que mencionar los cinco arcos medievales que se reparten por sus dos murallas, la plazuela y la fuente de los Tres Chorros y la antigua judería, aunque si algún rincón marcan como favoritos los viajeros es el paseo por la calle Sevilla, donde se pueden adquirir cosas de hoy y de siempre. Hazte con objetos tradicionales como encajes y cestas o con productos de la tierra como las morcillas, muy propias del territorio.  

Antes del mediodía deberá poner rumbo a Cabañas del Castillo, uno de los cuatro núcleos de población que conforman el municipio original. Dentro de su término se localiza uno de los geositios más espectaculares de la serranía de Las Viluercas, las apreturas del Almonte. Se trata de un desfiladero fluvial que se ha producido por el encajamiento del río Almonte en su recorrido hacia el oeste buscando el Tajo. Durante su visita, llamará la atención del viajero el afloramiento de cuarcitas armoricanas a través del que se abre paso el río y los escasos icnofósiles - estructuras preservadas en rocas sedimentarias que registran actividad biológica - y habitáculos de gusanos arenícolas.

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Casco histórico de Guadalupe. Foto: EXTREMADURA TURISMO.

Las apreturas del Almonte no son el único atractivo de Cabañas. Al igual que el resto de la comarca villuerquina, está repleto de cuevas donde se conservas restos de pinturas rupestres. De hecho, cuenta con más de una veintena de abrigos rupestres y cuevas donde conviven la naturaleza con el arte, la historia y la supervivencia. Destacan especialmente las cuevas de Escobar, donde a pesar de ser casi imperceptibles, se aprecian unos orificios bastante importantes, superiores a las tradicionales entradas rocosas. Buscar los grabados puede ser una auténtica aventura en la que también cobran protagonismo los fósiles.  

Los restos de un viejo castillo en lo alto de las descarnadas peñas son otros de los reclamos de esta pequeña aldea. Se trata de una construcción de origen musulmán, mandada a derribar por orden de Alfonso X con el fin de mantener el patronazo real de las iglesias, cuando vendió la plaza a Trujillo en el siglo XIII. De ahí su remodelación y ocupación por las órdenes militares cristianas de la Orden de los Caballeros de Truxillo y la Orden de Calatrava.

Para despedir la visita a Las Villuercas se recomienda llegar hasta el asador El Majano (Ctra. de Retamosa, km 13), donde la cocina comarcal más tradicional se aliña con toques innovadores en base a la excelencia de su materia prima. Una de las sugerencias estrellas es el delicioso pastel de morcilla, aunque la tarta de queso de los Ibores y la de higos no se quedan atrás: prometen dejar el mejor sabor de boca de este viaje al centro de La Tierra desde Las Villuercas.

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Fortaleza de Cabañas del Castillo. Foto: EXTREMADURA TURISMO

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